Influencia Dibujos animados, series, juegos y películas de los 80s y 90s
Todo empezó en el año 1986, en los testículos de Cristián Patricio Loughlin y Héctor Alvarez de Igarzabal (también conocidos como el Critian y el Hétor), donde vivían los espermas Brian y Pablo respectivamente. Estos espermatozoides en cuestión tenían algo en común: lograron destacar entre otros millones de colegas, debido a su espíritu rebelde y fecundaron dos óvulos. Gracias al emprendimiento de éstos valerosos amigos, el mundo vio nacer a dos bizarros de pura cepa: Brian y Pablo. A partir de ese momento, nuestros héroes vivieron una vida llena de plenitudes: triunfos académicos y deportivos, negocios exitosos y orgías reiteradas. Pero pese a todo esto, nuestros amigos sentían un gran vacío en sus vidas, que los aquejaba día y noche, hasta que gracias a un giro del destino sus caminos se cruzaron y visualizaron la fuente de su felicidad, un elixir de sanos excesos, un estilo de vida superado sólo por Hugh Hefner: Doctor Bizzarro. Fue entonces, en ese instante de sensata iluminación que los chicos volvieron a la realidad y se preguntaron: como??? ¿Podremos solo nosotros dos dar vida a un proyecto tan delirante y grandilocuente como este?. La respuesta fue obviamente, no, pero había una posible solución en lo profundo de sus mentes: reclutar 4 bizarros mas, que deseen formar parte de este delirio musical. Fue así como Pablo y Brian (Proxeneta y Payo, por que no) se embarcaron en la odisea por encontrar a los bizarros perfectos, y fue ahi cuando dieron con el paradero de un ermitaño devenido en un ciudadano modelo estudiante de música y sonido: Damián Arderiú, conocido entre sus colegas como Larva. Este niño poseía un poder envidiado por canadienses y marsupiales por igual, una habilidad que nos ayudaría a dar rienda suelta a nuestras fantasías más bizarras: tocar la guitarra. Ya formando un trípode de plena extravagancia, se contactaron con un hechicero chileno que rondaba por los alrededores de la ciudad y que era capaz llenar ese vacío intrínseco que era únicamente logrado con la carencia de un tecladista, un chileno atrevido, que sólo sobornándolo con unas especias, aceptó unirse al proyecto. Nuestro chileno en cuestión se hacía llamar Griffo, pero descubrimos más tarde que su nombre real era Eric. Luego de la nueva incorporación, el cuarteto se embarco en una odisea en busca del quinto bizarro, una odisea de agobiante eternidad (en sentido figurado, claro está), que dio con el paradero de un ser extravagante, un oasis de musicalidad, una garganta de proporciones épicas que hasta Zeus gustaría de tener en su orquesta, en pocas palabras: un Pefi. Aun con este dream team de musicos superdotados, la busqueda no habia culminado: faltaba el sexto miembro, el unico que podia poner la Z en bizarro. Él, el elegido, el unico capaz de cumplir con la profecía, él, un mente tan talentosa como incomprendida.: Ciro, el mítico forjador del sonido. Es así, entonces, como nació esta liga de la justicia de delirantes especimenes que se hace llamar Doctor Bizzarro, un conjunto de música, un grupo de amigos, un estilo de vida.